Virtual Boy
Por fortuna o por desgracia, soy poseedor de una Virtual Boy. Decirlo es algo que realmente me llena de orgullo porque conseguirla fue muy duro. Lo peor sobre todo fue encontrarlo totalmente funcional ya que dicho sistema tiene varios errores de fábrica que hacen su arquitectura realmente frágil.
Quizá por su aspecto os pueda parecer una consola portátil, de hecho esa era la idea, pero nada más lejos de la realidad. Para empezar, necesitábamos una superficie lisa y alta para poder apoyarlo. Si optábamos por ponerlo en el suelo significaba que nuestros ojos no estarían a la altura requerida y tendríamos que adoptar una postura realmente incómoda. En segundo lugar su peso y tamaño dificultaban el transporte. Y en tercer término ya nos avisaban que el usarlo en movimiento podría dañar seriamente la consola. Seguramente todos pensaréis que quién iba a ponerse a andar por la calle con tal “mostrenco” puesto en los ojos, pero con “en movimiento” me refiero incluso a coches, trenes o aviones.
Wario Land
Virtual Boy se lanzó en 1995, en plena fiebre Virtual Reality. Recuerdo como en muchos salones recreativos podíamos encontrar aparatos de VR con gafas similares al Virtual Boy y, según nos prometían, eran el futuro. Gracias a los Dioses no fue así. La fiebre de la VR pasó sin pena ni gloria y a día de hoy casi se ha olvidado en pro de las 3D, la realidad aumentada y la holografía.
También es justo reseñar que el cine hizo mucho daño en este aspecto con películas como Tron (Steven Lisberger, 1982), El cortador de césped (Brett Leonard, 1992), Acoso (Barry Levinson, 1994) o Johny Mnemonic (Robert Longo, 1995), que nos mostraban unas recreaciones de mundos limpios, rápidos y bonitos… Que luego, aplicados a la realidad, se quedaban en animaciones ridículas, gigantescos polígonos planos y personajes que parecían dibujados por niños de primaria.
Virtual Boy tiene el dudoso honor de ser la única consola de Nintendo[1] que no lleva al fabricante japonés en su nombre como NES (Nintendo Entertainment System), Nintendo Game Boy, Nintendo Game Cube o Nintendo 3DS. Esto quizá os sirva para haceros una idea del apoyo que recibió por parte de la compañía. Supongo que si en realidad llegó a comercializarse (si se puede aplicar el término) es porque fue diseñada por Gunpei Yokoi, el padre de la todopoderosa Nintendo Game Boy.
Mario Clash
Tened en cuenta que Yokoi parió un monstruo monócromo que se merendó a todo lo que se le puso por delante y vendió la friolera de doscientos millones de máquinas si contabilizamos todas sus versiones, así que es normal que le dieran un voto de confianza. El descalabro comercial de Virtual Boy supuso el harakiri empresarial para el bueno de Yokoi.
Recordad que Virtual Boy usaba también gráficos monócromos, es decir, que tan sólo usaban un color y sus tonalidades para recrear todo el apartado gráfico de un juego. En la Game Boy clásica encontrábamos el fondo verde y los pixeles negros en el primer modelo, mientras que con Virtual Boy nos brindaron el fondo negro y los gráficos dibujados en un rojo realmente vistoso pero incómodo. Vale que es un dispositivo portátil, pero tened en cuenta que estamos hablando de 32 bits. Recordad que Atari Jaguar, Panasonic 3DO, FM Towns Marty o la Amiga CD32 también tenían esa potencia y no había color. Nunca mejor dicho.
Todos sabemos que no solo de bits vive una máquina y son muchos los aspectos que hacen poderosa a una consola. Lo cierto es que, una vez más, el tema de la VR le pasó factura: pese a sus 32 bits todo en Virtual Boy está pensado para no encarecer un producto que ya de por sí era caro debido al sistema de los dos emisores y espejos en las gafas, haciendo su arquitectura interna algo pobre. Un despropósito.
Nunca llegaría a Europa y en los países donde se lanzó (EE.UU. y Japón) supuso un auténtico pandemónium financiero para Nintendo. Mucho más si tenemos en cuenta que en 1994 llegaron las geniales Sega[2] Saturn y Sony PlayStation[3] . Si a eso le añadimos el inmerecido poco éxito de Nintendo64 [4] (1996), la compañía japonesa estuvo al borde del abismo de una manera bastante clara… De hecho personalmente creo que no ha levantado cabeza hasta Nintendo DS (2004) y Nintendo Wii (2006), viviendo de las rentas de Game Boy en cualquiera de sus versiones hasta casi hoy. Aunque ese es otro tema…
Obviamente, el hecho de que la misma Nintendo avisara ya antes de comprarlo de que su uso prolongado causaba fatiga visual, migrañas y hasta problemas oculares no fue precisamente una buena publicidad. Pensad por un momento que sois unos padres de 1995 y que vais a comprar una consola a vuestros hijos. Por aquella época los videojuegos eran algo mal visto, poco menos que demoníaco y criminal. Si a todo esto encima le añades que la nueva máquina de Nintendo podría dañar ocularmente a tus vástagos pues ya tenemos el hit comercial de las navidades.
Galactic´s pimball
A tan mágica y seductora receta añadiremos además una lista de juegos muy triste con sólo tres o cuatro juegos que realmente merecían la pena. Tened en cuenta que el catálogo de la consola se reduce a 25 juegos, los cuales son realmente difíciles de capturar visualmente para mostrarlos y promocionarlos por la doble pantalla, otra de sus “virtudes”.
Por supuesto el otro aliciente, la supuesta tridimensionalidad, tampoco se podía mostrar tal cual y por aquellos años el concepto de gráficos 3D se reducía a esos libros de fotos raras que debías mirar varios segundos y las gafas de cartón con los colores rojo y azul. El público no estaba preparado para este tipo de gráficos. Recordad ahora el bombo que le han dado a Nintendo 3DS[5] para que el concepto de las 3D llegara de forma correcta a todo el público, con famosos y anuncios varios. Así que otro despropósito más a la lista.
Por todo lo dicho puede parecer que Virtual Boy no me gusta y eso no sería del todo cierto. En realidad es como ese amigo tontito y cansino que todos hemos tenido: No nos gusta ni a nosotros ni a nadie, pero lo queremos y nos encanta. Los gráficos pese a sencillos son realmente llamativos, pudiendo mostrar unas logradas 3D para la época y algunos efectos increíbles. Lo que sí es seguro es que tanto por su corta vida como por su escaso catálogo, ninguno de sus juegos llegó a exprimir su verdadero potencial, encontrando algunas aberraciones injugables.
Podéis encontrar emuladores bastante decentes por la red, juegos hechos por fans e incluso alguna tarjeta de esas piratonas para poder poner roms, aunque a un precio algo elevado. En cuanto al aparato, en eBay y similares hallaréis alguna de las 800.000 máquinas que Nintendo llegó a comercializar en Japón o EE.UU a unos precios que oscilan desde los 130 hasta los 500 euros. Se ha convertido en un oscuro objeto de deseo para muchos retrogamers. En mi caso, tuve que comprar tres hasta dar con una que funcionara correctamente. Sólo puedo decir que mereció la pena. Suerte y paciencia, la vais a necesitar.
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